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domingo, 10 de agosto de 2025

MARIO 2da parte: El Beso

 

Las cartas se sucedían durante todo el año excepto cuando Mario venía a Buenos Aires de paseo con su familia y durante las vacaciones en Mar del Plata. Íbamos creciendo y liberándonos de las actividades familiares. Salíamos en el colectivo 152 para ir al encuentro de los cines y, fundamentalmente, de las librerías, mi gran debilidad. Caminábamos desde av. Santa Fe hasta av. Corrientes donde el mercado de libros era más amplio que en cualquier otro lugar. Librerías grandes, profundas con hileras que se encimaban unas sobre otras y de las cuales yo siempre salía con un libro nuevo en las manos.

Las vacaciones eran otra cosa. Playa, caminatas a la orilla del mar y salidas a la peatonal San Martín. Hubo un año, sin embargo, que fue diferente a los otros. Mi hermana, que por esa época ya había ingresado en la facultad, tenía un grupo de amigos bastante numeroso y una noche, en vez de ir a bailar, eligieron ir a la playa a hacer un fogón y guitarrear. Mario y yo nos colamos sin que se dieran cuenta siquiera. Eligieron el lugar entre los médanos de Punta Mogotes. Se armó la fogata y nos fuimos acomodando a su alrededor. Mario y yo quedamos en 2da fila ya que la fogata no era muy grande y los concurrentes eramos una banda. Me senté y Mario se puso atrás mío, me tomó suavemente de los hombros y yo apoyé mi cabeza en sus rodillas para mirar las estrellas. Mario se inclinó y con gran ternura y suavidad me dió un beso en los labios. Fue como si las barbas de una pluma me rozaran con delicadeza. No pasó de ahí. Mario irguió su espalda y quedó en silencio mirando el mar. Yo quedé pensando que Mario me había dado mi primer beso en la playa bajo las estrellas.



miércoles, 14 de octubre de 2020

MUCHACHA OJOS DE PAPEL

 

Conocí a Juan cuando entré en la facultad de Filosofía y Letras que por aquellos años estaba en Avda. Independencia 3065. Yo vivía en Vicente López y tomaba dos colectivos: el 152 y me bajaba en Avda. Santa Fe y Pueyrredón donde me subía al 41.

Pero un día que fui más temprano porque quería comprar un par de libros me bajé en la siguiente parada. Y ví cruzando Santa Fe una librería llamada “Huemul”. Entrar y enamorarme del lugar fue todo uno. Techos altos y libros hasta arriba de todo, millones de libros en el fondo. Y sobre una de las paredes una escalera. Levanté la vista y lo ví.

Empezamos a salir ese mismo día. El me fue a buscar a la facultad y fuimos hasta la confitería “Mignon” en Cabildo y Juramento. Nuestro tema: los libros. El trabajaba en la librería y estudiaba derecho.

Mis visitas a la librería se hicieron muy frecuentes. Entre libros y papeles nos fuimos enamorando. Los dueños ya me consideraban una más del grupo.

Y Juan me decía con su voz grave y tierna “Muchacha ojos de papel. Estamos escribiendo un libro juntos vos y yo”.

Así, entre papeles llenos de palabras empezó todo. Siempre seré su muchacha ojos de papel. Lo sé. Su voz suave y siempre dulce sigue conmigo: Su Muchacha ojos de papel.

Como curiosidad agrego que en esa esquina de Cabildo y Juramento ahora hay una librería conocida muy grande.

Sabiduría y acción indispensable

"Ningún libro de este mundo  Te aportará la dicha, Pero secretamente  Te refieren a ti mismo"  Frag. Poemas Hermann Hesse  Y, como...