martes, 19 de enero de 2021

TACTO

 La piel es el órgano más grande del cuerpo humano. Tiene memoria y expresividad; comunica y reacciona. Nos contiene, la habitamos. Y cuando nos sentimos a gusto en ella no tiene nada que ver la cosmética. Es una cuestión psicológica que nos hace sentirnos cómodos; eso que nos recubre por entero se siente bien; no la vivimos como un vestido ajustado o como zapatos que nos aprietan los pies. 

Nuestra piel tiene mil historias que contar. 

Al igual que nuestra vista, nuestro olfato, nuestro oído y por ultimo, nuestro paladar, que queda para la próxima degustación literaria, valga la licencia poética

lunes, 4 de enero de 2021

VISTA e IMAGINACIÓN

 




Cada imagen una historia
las podemos mezclar y hacer historias adentro de historias
Mirar bien los objetos. ¿Te recuerdan a algo o a alguien?

jueves, 19 de noviembre de 2020

OLFATO

Nuestras pieles conjuran aromas que por momentos se complementan; pero no siempre. Perfumes picantes y dulces se intercalan y nos atraviesan. 

El momento del encuentro visual trae exudación a nuestros cuerpos. A medida que nos acercamos el olor se hace más intenso. Pero aún no nos hemos tocado. El goce crece por la anticipación. Te huelo pero no te toco. Así nos deseamos. Sin precipitación y estimulando la fantasía que nos negamos a controlar. El silencio está ocupado por la fragancia que antecede al tacto. 

Porque llega un momento donde sólo hay lugar para que nos sumemos el uno al otro. Somos nosotros pero somos Uno.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

TACTO

 Suave... es apenas una brisa tibia en mi torso desnudo. Me pidió que cerrara los ojos. Aquí, desnuda en la cama. Me entrego al momento. 

Ahora la brisa casi no se siente. Hay un roce sutil que reposa unos instantes en mis clavículas y luego comienza a bajar muy despacio desviando hacia mi seno derecho y rodeando mi pezón con timidez. 

Imprevistamente toma mi mano y la dibuja con su roce. Dedo tras dedo, dorso y palma. Allí deposita algo. No logro adivinar qué puede ser. Su mano toma mi muñeca y dirige esa mano hacia mi pubis, con delicadeza abre mi vagina y vierte dentro el contenido de mi palma. 

Creo que he sido fecundada

miércoles, 14 de octubre de 2020

MUCHACHA OJOS DE PAPEL

 

Conocí a Juan cuando entré en la facultad de Filosofía y Letras que por aquellos años estaba en Avda. Independencia 3065. Yo vivía en Vicente López y tomaba dos colectivos: el 152 y me bajaba en Avda. Santa Fe y Pueyrredón donde me subía al 41.

Pero un día que fui más temprano porque quería comprar un par de libros me bajé en la siguiente parada. Y ví cruzando Santa Fe una librería llamada “Huemul”. Entrar y enamorarme del lugar fue todo uno. Techos altos y libros hasta arriba de todo, millones de libros en el fondo. Y sobre una de las paredes una escalera. Levanté la vista y lo ví.

Empezamos a salir ese mismo día. El me fue a buscar a la facultad y fuimos hasta la confitería “Mignon” en Cabildo y Juramento. Nuestro tema: los libros. El trabajaba en la librería y estudiaba derecho.

Mis visitas a la librería se hicieron muy frecuentes. Entre libros y papeles nos fuimos enamorando. Los dueños ya me consideraban una más del grupo.

Y Juan me decía con su voz grave y tierna “Muchacha ojos de papel. Estamos escribiendo un libro juntos vos y yo”.

Así, entre papeles llenos de palabras empezó todo. Siempre seré su muchacha ojos de papel. Lo sé. Su voz suave y siempre dulce sigue conmigo: Su Muchacha ojos de papel.

Como curiosidad agrego que en esa esquina de Cabildo y Juramento ahora hay una librería conocida muy grande.

domingo, 23 de agosto de 2020

"UNA HISTORIA QUE ME CONTÓ UNA AMIGA" Lydia Davis

El otro día, una amiga me contó una historia triste sobre un vecino suyo. Él había empezado a escribirse con un desconocido a través de un servicio de citas online. El amigo vivía a cientos de kilómetros, en Carolina del Norte. Los dos hombres intercambiaron mensajes y después fotos y en poco tiempo estaban teniendo largas conversaciones, primero por escrito y después por teléfono. Descubrieron que tenían muchos intereses en común, que eran emocional e intelectualmente compatibles, se sentían cómodos el uno con el otro, y se sentían físicamente atraídos, por lo menos por Internet. Sus intereses profesionales, también, eran similares, el vecino de mi amiga era contador y su nuevo amigo en el sur, profesor adjunto de Economía en una pequeña universidad. Después de algunos meses, parecían estar realmente muy enamorados, y el vecino de mi amiga se convenció de que “este era”, como decía. Cuando le surgieron unas vacaciones, arregló para viajar al sur por unos días a conocer a su amor de Internet.decía. Cuando le surgieron unas vacaciones, arregló para viajar al sur por unos días a conocer a su amor de Internet.decía. Cuando le surgieron unas vacaciones, arregló para viajar al sur por unos días a conocer a su amor de Internet. 

Durante el día del viaje, llamó a su amigo dos o tres veces y hablaron. Más tarde le sorprendió no recibir ninguna respuesta. Su amigo tampoco estaba en el aeropuerto para recibirlo. Después de esperar y llamar varias veces más, el vecino de mi amiga dejó el aeropuerto y fue a la dirección que le había dado su amigo. Nadie contestó cuando golpeó la puerta y tocó el timbre. Se le cruzaron por la mente todas las posibilidades.

Aquí me faltan algunas partes de la historia, pero mi amiga me dijo que lo que su vecino supo fue que ese día, mientras él iba camino al sur, su amigo de Internet se había muerto de un ataque al corazón mientras hablaba por teléfono con su médico; el viajero, habiéndose enterado ya por un vecino o por la policía, se las arregló para llegar a la morgue local; le dieron permiso para ver a su amigo de Internet, y entonces fue allí, cara a cara con un hombre muerto, que tuvo por primera vez frente a sus ojos a quien, había estado convencido, sería su compañero para toda la vida. otro día, una amiga me contó una historia triste sobre un vecino suyo. Él había empezado a escribirse con un desconocido a través de un servicio de citas online. El amigo vivía a cientos de kilómetros, en Carolina del Norte. Los dos hombres intercambiaron mensajes y después fotos y en poco tiempo estaban teniendo largas conversaciones, primero por escrito y después por teléfono. Descubrieron que tenían muchos intereses en común, que eran emocional e intelectualmente compatibles, se sentían cómodos el uno con el otro, y se sentían físicamente atraídos, por lo menos por Internet. Sus intereses profesionales, también, eran similares, el vecino de mi amiga era contador y su nuevo amigo en el sur, profesor adjunto de Economía en una pequeña universidad. Después de algunos meses, parecían estar realmente muy enamorados, y el vecino de mi amiga se convenció de que “este era”, como decía. Cuando le surgieron unas vacaciones, arregló para viajar al sur por unos días a conocer a su amor de Internet.decía. Cuando le surgieron unas vacaciones, arregló para viajar al sur por unos días a conocer a su amor de Internet.decía. Cuando le surgieron unas vacaciones, arregló para viajar al sur por unos días a conocer a su amor de Internet. 

Durante el día del viaje, llamó a su amigo dos o tres veces y hablaron. Más tarde le sorprendió no recibir ninguna respuesta. Su amigo tampoco estaba en el aeropuerto para recibirlo. Después de esperar y llamar varias veces más, el vecino de mi amiga dejó el aeropuerto y fue a la dirección que le había dado su amigo. Nadie contestó cuando golpeó la puerta y tocó el timbre. Se le cruzaron por la mente todas las posibilidades.

Aquí me faltan algunas partes de la historia, pero mi amiga me dijo que lo que su vecino supo fue que ese día, mientras él iba camino al sur, su amigo de Internet se había muerto de un ataque al corazón mientras hablaba por teléfono con su médico; el viajero, habiéndose enterado ya por un vecino o por la policía, se las arregló para llegar a la morgue local; le dieron permiso para ver a su amigo de Internet, y entonces fue allí, cara a cara con un hombre muerto, que tuvo por primera vez frente a sus ojos a quien, había estado convencido, sería su compañero para toda la vida.l otro día, una amiga me contó una historia triste sobre un vecino suyo. Él había empezado a escribirse con un desconocido a través de un servicio de citas online. El amigo vivía a cientos de kilómetros, en Carolina del Norte. Los dos hombres intercambiaron mensajes y después fotos y en poco tiempo estaban teniendo largas conversaciones, primero por escrito y después por teléfono. Descubrieron que tenían muchos intereses en común, que eran emocional e intelectualmente compatibles, se sentían cómodos el uno con el otro, y se sentían físicamente atraídos, por lo menos por Internet. Sus intereses profesionales, también, eran similares, el vecino de mi amiga era contador y su nuevo amigo en el sur, profesor adjunto de Economía en una pequeña universidad. Después de algunos meses, parecían estar realmente muy enamorados, y el vecino de mi amiga se convenció de que “este era”, como decía. Cuando le surgieron unas vacaciones, arregló para viajar al sur por unos días a conocer a su amor de Internet.decía. Cuando le surgieron unas vacaciones, arregló para viajar al sur por unos días a conocer a su amor de Internet.decía. Cuando le surgieron unas vacaciones, arregló para viajar al sur por unos días a conocer a su amor de Internet. 

Durante el día del viaje, llamó a su amigo dos o tres veces y hablaron. Más tarde le sorprendió no recibir ninguna respuesta. Su amigo tampoco estaba en el aeropuerto para recibirlo. Después de esperar y llamar varias veces más, el vecino de mi amiga dejó el aeropuerto y fue a la dirección que le había dado su amigo. Nadie contestó cuando golpeó la puerta y tocó el timbre. Se le cruzaron por la mente todas las posibilidades.

Aquí me faltan algunas partes de la historia, pero mi amiga me dijo que lo que su vecino supo fue que ese día, mientras él iba camino al sur, su amigo de Internet se había muerto de un ataque al corazón mientras hablaba por teléfono con su médico; el viajero, habiéndose enterado ya por un vecino o por la policía, se las arregló para llegar a la morgue local; le dieron permiso para ver a su amigo de Internet, y entonces fue allí, cara a cara con un hombre muerto, que tuvo por primera vez frente a sus ojos a quien, había estado convencido, sería su compañero para toda la vida.

"RATONES" Lydia Davis

 Hay ratones que viven en nuestras paredes pero nunca entran a nuestra cocina. Estamos contentos pero no podemos entender por qué no vienen a nuestra cocina donde tenemos trampas puestas, y sí van a las cocinas de nuestros vecinos. Aunque estamos contentos, también estamos un poco tristes, porque los ratones se comportan como si hubiera algo malo con nuestra cocina. Lo que hace esto todavía más misterioso es que nuestra casa es mucho menos ordenada que las casas de nuestros vecinos. Hay más restos de comida en nuestra cocina, más migajas en la barra y restos sucios de cebolla pateados por debajo de la alacena. De hecho, hay tanta comida suelta en la cocina que solo se me ocurre pensar que los ratones mismos se sienten intimidados por ella. En una cocina limpia, es un reto para los ratones encontrar suficiente comida noche tras noche para sobrevivir hasta la primavera. Pacientemente cazan y mordisquean hora tras hora hasta quedar satisfechos. Pero en nuestra cocina se encuentran frente a algo tan fuera de su experiencia habitual que no pueden contra ello. Pueden aventurarse y dar algunos pasos, pero al enfrentarse a los abrumadores monumentos y olores, vuelven resignado a sus hoyos, incómodos y apenados de no poder husmear como deberían.

Sabiduría y acción indispensable

"Ningún libro de este mundo  Te aportará la dicha, Pero secretamente  Te refieren a ti mismo"  Frag. Poemas Hermann Hesse  Y, como...